La diferencia entre los libros viejos a los añejos |
En el sitio web de Logos me topé con un comentario acerca de una colección que me causó pesar. En la sección de recomendaciones una persona opinó categóricamente: “Precio alto por ser libros anticuados.” Todos celebramos los títulos de recién estreno con novedosas portadas, temas de actualidad, tono contemporáneo e ideas frescas. No obstante, me parece que el lector cristiano no busca ante todo las “novedades”. A diferencia del lector ordinario que primero pregunta ¿qué hay de nuevo?, el lector cristiano comienza preguntando ¿qué tiene de bueno?, ¿cuál es el provecho?, ¿cómo me edifica? La antigüedad del autor -o de la obra- no debe llevarnos a mover un libro del estante de lectura al archivo del olvido. La antigüedad del cofre poco importa si su contenido es un tesoro. Bástenos pensar en la Biblia. El mundo la tacha de anticuada y anacrónica. Para el creyente, no obstante, es de inestimable riqueza. Es el libro más bueno pese a ser el más viejo. Su autor es la verdad misma, insupera...