La incongruencia del orgullo |
En una ocasión Spurgeon se acercó a un orgulloso predicador que bajaba del púlpito humillado por su pobre desempeño, a quien dijo: Si hubieras subido al púlpito como bajaste, hubieras bajado como subiste. El orgullo no hace acepción de personas, tanto acompaña al predicador al púlpito como a cada uno de nosotros en todo quehacer. Desde arcángeles hasta los cristianos laicos son susceptibles a este poderoso estupefaciente. Las Escrituras no tratan al orgullo como rasgo personal de algunos, sino como un atentado en contra de Dios para desvestirlo de divinidad y para revestirnos de Su deidad. Y si bien nunca, por más que nos propongamos, lograremos adoptar la naturaleza de Dios, nuestros orgullo codicia su posición y la adoración que recibe. El orgullo es la motivación a la sutil insinuación de la serpiente ancestral de llegar a “ser como Dios”. Existen tres razones inapelables que deben motivar la humildad como el instinto más natural del cristiano. El contraste entre creatura y el cr...